Por qué algunos analistas creen que OpenAI afronta un riesgo financiero serio en los próximos 18 meses
por Manuel NaranjoHay titulares que suenan a apocalipsis rápido porque están diseñados para eso: que los leas con el café aún sin hacer efecto. Según un experto en finanzas: OpenAI podría quedarse sin efectivo en un plazo de 18 meses si no ajusta su “quemado” de dinero o no consigue nuevas vías de financiación.
La predicción no habla de que la tecnología “se rompa” o de que ChatGPT deje de funcionar por arte de birlibirloque. Habla de caja, de costes y de un mercado en el que la IA de frontera se parece más a una carrera de resistencia que a una aplicación que imprime dinero desde el día uno.
El núcleo del argumento: crecer cuesta, pero la IA cuesta cada vez más
La lógica principal es simple y bastante poco glamourosa: la IA a gran escala tiene costes variables enormes, sobre todo en computación para entrenar y, cada vez más, para servir respuestas a millones de usuarios. Incluso cuando los ingresos suben, el gasto puede subir igual o más rápido si la demanda crece y los modelos se vuelven más caros de ejecutar.
Se resume con una cifra que, por sí sola, explica por qué hay analistas nerviosos: OpenAI habría proyectado un consumo de caja muy elevado en 2026, muy por encima del año anterior, según datos filtrados. En ese contexto, la frase “quedarse sin dinero” no significa “quedarse sin usuarios”. Significa “quedarse sin oxígeno financiero” si los costes superan a la financiación disponible.
La señal más visible: la obsesión por asegurar computación
Si una empresa está tranquila con su estructura de costes, normalmente no se lanza a acuerdos gigantes para asegurar capacidad de cómputo durante años. En las últimas semanas se ha publicado que OpenAI habría firmado un acuerdo multianual valorado en más de 10.000 millones de dólares para asegurar potencia de computación con Cerebras, con despliegue por fases hasta 2028.
Este tipo de movimientos se pueden leer de dos formas a la vez:
- Como una necesidad competitiva: sin computación, no hay producto ni mejoras.
- Como un recordatorio de escala: la factura de “mantener el motor encendido” es descomunal.
Y ahí encaja la idea de este experto de que el gran riesgo no es técnico, sino financiero: aguantar el ritmo de gasto el tiempo suficiente para que el negocio madure.

¿Por qué 18 meses y no “algún día”?
Porque es un plazo que, en finanzas, suena a “caja disponible con el burn actual”. No es un oráculo, es una regla de pulgar: si cada año pierdes X y no cambias nada, ¿cuánto tardas en tener que levantar más capital?
Además, el sector se ha acostumbrado a rondas gigantes. Cuando esas rondas llegan, el titular “se queda sin dinero” pierde fuerza. Cuando se retrasan o se encarecen, el titular se vuelve más plausible. Algunos medios han recogido estimaciones de bancos sobre el tamaño del desafío financiero en el sector y el volumen de capital que podría necesitarse si los costes de infraestructura siguen disparados.
El punto incómodo: márgenes y monetización
Para que el “modo supervivencia” se active, tienen que coincidir varias cosas:
- Costes de inferencia altos (servir millones de peticiones al día no es barato).
- Monetización insuficiente (mucho uso gratuito o de bajo margen).
- Competencia que presiona precios o “regala” funcionalidades dentro de suites empresariales.
Aquí la discusión se vuelve menos de titulares y más de negocio: OpenAI necesita que cada mejora de producto no multiplique su coste por usuario más rápido que sus ingresos por usuario. Si el coste variable se come el margen, crecer puede ser paradójicamente peligroso.
Lo que tendría que ocurrir para que de verdad “se apague la luz”
Incluso si la caja se complica, eso no implica automáticamente “fin de ChatGPT”. En la práctica, podrían pasar varias cosas antes:
- Nueva ronda de financiación (la opción más típica en este tipo de compañías).
- Ajustes de precio o cambios de planes para empujar a más gente a pagar.
- Recortes de gasto o priorización de proyectos, algo habitual cuando se busca alargar runway.
- Acuerdos de infraestructura que reduzcan dependencia y mejoren costes a medio plazo, justo lo que sugieren movimientos como el pacto de capacidad con Cerebras.
También está la carta “demasiado importante para caer”, no como garantía, pero sí como incentivo: si una pieza se vuelve estratégica para un ecosistema empresarial, aparecen más actores interesados en que siga funcionando.
Entonces, ¿qué se queda el lector de todo esto?
La predicción de “18 meses” funciona como alarma, pero el tema de fondo es más interesante: la IA de frontera no es un negocio de software clásico. Se parece más a operar una infraestructura intensiva en capital. La pregunta real no es si OpenAI “quiebra” mañana, sino si encuentra una ecuación sostenible donde el crecimiento no sea una sangría continua.
Dicho de otra forma: ChatGPT no está en una cuenta atrás tecnológica. Está, como muchas empresas de esta era, en una negociación constante con la física del cómputo… y con la aritmética del dinero.
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